“La poesía no es una mala inversión en estos tiempos en los que paradójicamente nadie invierte”
El poeta onubense Manuel Moya acaba de recibir en la Casa-Museo Tomás Morales el premio de poesía de la última convocatoria por su poemario titulado Islas de sutura. El jurado del citado premio decidió concedérselo por construir “una cartografía insular que nos lleva de nuevo a revisar el concepto de isla y sus múltiples connotaciones míticas”, en la que parecen cobrar fuerza por momentos aquellos versos del insular Virgilio Piñera, lamentándose lacónicamente con la expresión de “la maldita circunstancia del agua por todas partes”. El Cabildo acaba de poner en circulación Islas de sutura, junto con los dos accésits concedidos también a los poetas Alexis Díaz Pimienta y Miguel Ángel Alonso.
El escritor define Islas de sutura como “una recolección de islas o de pequeñas zonas fragmentarias personales en las que trabajo la poesía desde muchas variables que van desde la abstracción o la crítica, hasta la intimidad”. En sus breves insularios confiesa que descansa siempre después del viaje. Se reconoce un poeta “bastante insular”. Para el poeta la “isla es lo que nos separa del continente. Las islas participan de la exclusión. Me interesa la insularidad como reflexión sobre la singularidad”, explica.
Sobre la similitud de la situación actual de la poesía con el territorio de la isla como apéndice independiente y olvidado en el gran océano de la literatura, el poeta señala que “socialmente la poesía es un espacio también de exclusión. La poesía sería una especie de ínsula extraña dentro del acervo cultural, o viene siendo así al menos en las últimas generaciones”.
Pero ¿cuál sería el papel de la poesía en el complicado mundo que vivimos actualmente? Para Manuel Moya “las crisis económicas suelen arrastrar a la humanidad también a otro tipo de crisis como las sociales y las de identidad. La poesía, que durante tanto tiempo hemos desprestigiado y sacado del contexto de la sociedad, puede mantener un papel interesante en este tiempo de incertidumbres porque nos ayuda a mirar hacia nuestro interior, sería una manera de estar solo como avanzó Pessoa, pero también solo frente al mundo y contra las nuevas perspectivas de este mundo. La poesía no es una mala inversión en estos tiempos paradójicamente en los que nadie invierte”, dice.
Reconoce que no pertenece a ninguna escuela o generación poética concreta. “En mí conviven varios poetas”, añade, y “mis influencias provienen de distintos lugares. Me considero un poeta isla. Me interesa Machado, Juan Ramón Jiménez, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma… de los canarios me seducen Lázaro Santana y Tina Suárez Rojas, que me parece una de las autoras jóvenes más interesantes del panorama de la poesía española”.
Sobre la vigencia de la cultura española, Moya mantiene una actitud crítica. “La cultura se ha asociado al espectáculo durante el tiempo de la bonanza económica, pero la cultura tiene que regresar a lo que siempre ha sido como instrumento para interpretar el mundo y su tiempo. La cultura tiene que estar al servicio de la sociedad y la sociedad tiene que estar también al servicio de la cultura. Me temo que en estos tiempos de restricciones y de recortes la cultura sufrirá como ninguna otra estructura las consecuencias de la crisis. Pero no importa: la cultura siempre ha sufrido y también es cierto que este tiempo podrá servirnos para clarificar lo que es cultura y saber que lo esencial en cultura es preguntarnos qué hacemos y qué podemos hacer en el marco de su territorio”.












































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